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LA HISTORIA DEL AUTOMOVILISMO (PRIMERA PARTE)

Los archivos que se manejan dentro de la historia del automóvil nos cuentan que por el año 1884 ya se habían inventado las primeras máquinas de combustión alimentadas por combustible derivado del petróleo. Un año más tarde, Karl Benz diseñaría un automóvil a partir de estos motores de combustión lenta. De esta forma comenzaría a despertarse el interés por poner a prueba estos vehículos y hacerlos competir con los existentes automóviles a vapor.

La primera carrera de autos de la cual se tiene registro se realizó en el año 1887, en un trazado que unía París con Versalles. Este tipo de competencias, distan mucho a lo que conocemos actualmente en la Fórmula 1, Indy, Rally o Cross Coutry… pero tenían el mismo componente de adrenalina y ese toque de locura que hasta el día de hoy cautiva a miles de fanáticos en todo el mundo.

Esta primera carrera de 1887 y una serie de competencias en los años posteriores, eran una mezcla de rally-raid y Formula 1. Eso sí… no había sistemas de seguridad, pistas especiales (muchas veces se corrían extensos trazados a campo traviesa) y los pilotos – que generalmente eran los mismos fabricantes de los vehículos - estaban en una constante búsqueda del motor que pudiera brindarles la potencia y velocidad para marcar la diferencia. Lo curioso de este tipo de competencias era que no se premiaba al vencedor, si no que más bien era motivo de honor el hecho de acabar (sano y salvo) el trazado de la carrera.



Avances tecnológicos y competitividad


Pasaron muy pocos años para que la tecnología comenzara a dar grandes pasos en términos de la performance de los vehículos… y ciertamente esto del automovilismo comenzó a cautivar a miles de personas alrededor del mundo. Los eventos deportivos eran cada vez más competitivos y masivos. De esta forma surgió la necesidad de establecer ciertas normas y premiar a los ganadores de cada prueba.

Es así como en 1894 se realizó la primera competencia mundial de automovilismo. Se debía cubrir la distancia entre París y Rouen.

Para sorpresa de todos se anotaron 102 pilotos con máquinas caseras y otras de marcas más conocidas. Podían verse diversos sistemas de propulsión… algunos muy extraños.

Finalmente largaron 21 autos en una carrera que resultó ser bastante exitosa e interesante, ya que despertó el interés mundial por realizar este tipo de eventos. De hecho, la carrera fue cubierta por un reportero del New York Herald, llamado James Gordon Bennet, (que además era el dueño del diario) que resultó ser un fanático de este incipiente deporte.

En 1895 se repitió esta carrera, con un mejor nivel de organización y competitividad. El trayecto comprendía un viaje de ida y vuelta a París, llegando hasta Bordeaux. El ganador, Emile Levassor, recorrió los 1.178 kilómetros en 48 horas y 48 minutos.

La entrada de Estados Unidos


Estados Unidos de Norteamérica no quiso ser menos que Europa y en esa misma temporada organizó una prueba, apoyada económicamente por el Chicago Times-Herald. Se inscribieron casi 100 corredores, pero cuando llegó el día de la largada, se presentaron sólo dos. La carrera se postergó durante 26 días con esperanzas de que aparecieran más competidores. Finalmente se juntaron seis.

Todos ellos habían armado sus autos en Estados Unidos, solo tres de ellos eran Benz alemanes que habían sido modificados en Norteamérica.
. A pesar del mal tiempo que azotó la zona y el barro que provocaba la nieve derretida, un Duryea, manejado por J.Frank Duryea, y un Benz a cargo de Oscar Mueller finalizaron la prueba de 87 kilómetros de recorrido. Curiosamente eran los dos autos que se habían presentado en el primer llamado de la competencia. El Duryea fue el primer auto producido en EE.UU.

Por su parte, en Europa el automovilismo comenzó a expandirse por los países más importantes. Francia se convirtió en el líder indiscutible de las carreras en rutas. Ya en 1897, la prensa se quejaba de que el aficionado con su auténtico auto de calle de 3 o 4,5 HP y 1.200 CC tenía muy pocas chances de ganar pruebas frente a los vehículos oficiales de los fabricantes, que estaba en condiciones de desarrollar un auto especial de competición de 8 HP y 2 litros de cilindrada. En 1899, las carreras ya eran cada vez más formales. Se anunció la primera Vuelta de Francia, de 2.500 kilómetros y comenzó a construirse un código de señales con banderas de tela.

Los coches de carrera comenzaron a tener un aspecto diferente a los modelos de calle. El avance fue tan rápido que podían quedar obsoletos en cuestión de meses. Mientras en 1898 los autos se habían manejado con motores de seis, siete u ocho caballos de fuerza, en 1899 ya los impulsores llegaban a los 20 HP. La distancia entre ejes se alargó y se bajó el centro de gravedad para ganar más estabilidad.
Gordon Benett y el Grand Prix

El año 1900, además de marcar la entrada de un nuevo siglo, significó una profesionalización de las competencias automovilísticas, de la mano de Gordon Benett, un norteamericano millonario que impulsó una serie de pruebas a nivel mundial. Estas competencias impusieron minuciosas reglamentaciones internacionales que regían la construcción de los automóviles de carrera y la organización de las fechas. Es muy significativo que en 1903 las carreras pasaron de realizarse entre ciudades a correrse en circuitos cerrados. Los autos hechos para la serie de Gordon Benett representaron el punto más elevado de una era en que la forma más común de lograr más potencia consistía en construir un motor más grande. Por ejemplo, el Star de 1905 tenía una cilindrada de 10.200 cc. y alcanzaba una velocidad máxima de 160 km/h. Algo realmente impresionante para esa época.

Las normas de la Gordon Benett establecían que cada país participante podría inscribir sólo tres vehículos. Todas las piezas del coche, incluido los neumáticos, debían ser construidos en el país participante. La primera carrera se realizó en el año 1900 y la ganó un coche francés. En 1903 se realizó en un circuito cerrado, en Irlanda, y en 1905 fue la última edición. Cuando los franceses ganaron fácilmente el trofeo en 1905 declararon que crearían una nueva carrera, el Grand Prix de Francia, que daría a cada fabricante de automóviles idéntica oportunidad de ganar, mediante una serie de exigencias basadas en las normas que había impuesto Benett. Es así como el Gran Prix se consolidó durante varios años, siendo la prueba de automovilismo más importante hasta la llegada de la Formula 1.

La próxima semana te contaremos más acerca de la evolución de las competencias automovilísticas, hasta llegar a nuestros años. De esta forma podrás conocer más acerca de los inicios de la Formula 1 y todas sus variantes.